La cadena de supermercados LIDL despide disciplinariamente a un gerente, por entrar antes del comienzo de su jornada laboral. El trabajador realizaba su entrada entre una hora y hora y media antes de lo que le correspondía, con el objetivo de preparar la tienda para su apertura. La empresa considera que dicha práctica falseaba los datos de productividad y situaba a la empresa en riesgo de incurrir en cualquier tipo de responsabilidades laborales o más graves.

La cadena alemana, tras investigar las imágenes de seguridad, detectó que el trabajador realizaba sus tareas sin fechar ni quedar registrado, rompiendo con la regla impuesta por la multinacional de “cada minuto que se trabaja, se paga, y cada minuto que se trabaja debe quedar registrado”. Además la sentencia de la Audiencia Nacional 207/2015 dicta la obligatoriedad de la empresa de registrar diariamente la jornada de trabajo de sus empleados.

Un trabajador que realiza más horas de las que le corresponden según su contrato laboral, como es el caso del trabajador despedido, puede ser denominado “workaholic”, es decir,  persona con la necesidad excesiva de trabajar de forma constante. Se trata de una persona adicta al trabajo.

Ser un workaholic, siempre y cuando la adicción no sea perjudicial, puede tener una connotación positiva. Un adicto al trabajo sabe cómo gestionar los tiempos de su trabajo a través de los mecanismos más eficientes y cuenta con un mayor sentido de la prioridad de entre todas las tareas pendientes.

La forma de trabajar de un “adicto al trabajo” choca con los nuevos modelos que se están implantando en los últimos tiempos. La concepción que más triunfa es la mentalidad start up, que permite un trabajo más flexible, con mayor agilidad e independiente, rompiendo con los esquemas de la empresa tradicional.