En el mundo empresarial, lo que buscan las compañías es sacar el mayor beneficio en el desarrollo y aplicación de sus conocimientos (know how), es decir, la capacidad que la organización posee para desarrollar sus habilidades técnicas frente a sus competidores.

Las empresas cada vez están más expuestas a prácticas desleales, como pueden ser la apropiación indebida de secretos comerciales, el robo, la copia no autorizada, el espionaje económico o el incumplimiento de los requisitos de confidencialidad.

Tras la publicación de la Directiva Comunitaria 2016/943, de 8 de junio de 2016, sobre Protección del Secreto Empresarial, se introduce el concepto de “secretos comerciales”, definiéndolo como aquellos secretos que no sea de fácil acceso, que tenga valor nominal y que sobre ellos se ejerzan medidas de protección.

Es fundamental que el empresario tome medidas para proteger y controlar la información reservada de la compañía, entre ellas destacamos:

  • Establecimiento de un protocolo de actuación respecto al tratamiento de determinada información.
  • Mención en el código de conducta de los trabajadores.
  • La importancia de incluir las cláusulas de confidencialidad en los contratos firmados por los empleados que tengan acceso a la información. Con ellas se garantiza que una vez finalizada la relación profesional, no se revelen los secretos de la empresa.

Todas aquellas medidas que lleve a cabo el empresario deberán ser transmitidas a sus empleados. Asimismo, la Directiva impone ciertas limitaciones, es decir, las medidas no podrán ser invocadas para: limitar la movilidad de sus trabajadores o el acceso a información que no suponga secreto comercial.